24 may. 2011

El Santuario de la Virgen del Carrascal, lugar sagrado de tiempo inmemorial

UN LUGAR SAGRADO
La ermita suele ser un edificio pequeño que solo comprende la nave en la que se encuentra el altar dedicado a la imagen venerada y algún otro secundario.
El santuario, en cambio, es un tipo de construcción mayor, que además de la capilla posee otras dependencias como habitaciones, cocinas, salones, cuadras y casa del ermitaño. Por lo cual debemos referirnos al conjunto de edificios que vamos a estudiar como Santuario de Nuestra Señora del Carrascal, aunque impropiamente la gente le diga ermita.
El Santuario de Nuestra Señora del Carrascal es un espacio sagrado  y un lugar cargado de energía que ya descubrieron nuestros lejanos antepasados. No es fruto de la casualidad que en ese lugar, y no en otro, se le apareciera la Virgen a un pastor encima de una carrasca.
Todo lugar sagrado nos habla, se comunica con nosotros. Estas ermitas y santuarios apartados, situados en lugares especiales, son espacios únicos excepcionales, espacios sagrados llenos de arte, de historia y de silencio que son un auténtico privilegio para todos nosotros y también nos transmiten energías nuevas.

EL TERRITORIO
Al sur de la Comarca de Belchite hay una pequeña cuenca o cubeta redonda y llana, limitada por cerros y montañas de poca altura que constituye una pequeña unidad geográfica donde se asientan varias localidades, entre ellas Azuara, Loscos, Moyuela y Plenas. A unos dos kilómetros de la localidad de Plenas se sitúa el Santuario del Carrascal, en una planicie, junto al valle que el río Santa María ha abierto a lo largo de los siglos, Por allí pasa el antiguo camino que une Moyuela con Monforte, encontrándose el santuario equidistante de ambas poblaciones.

 Hace muchos siglos, este territorio era un inmenso bosque de enormes encinas, donde pastaban a sus anchas los animales. A partir del año 900 A.C. se producen una serie de migraciones o penetraciones de pueblos lejanos que se van estableciendo allí, con una cultura y técnicas avanzadas, que crean asentamientos. Primeros son los pueblos centroeuropeos de la cultura de urnas, posteriormente hacia el 650 A.C. entran grupos celto-germanos, y a partir del 600 van llegando pueblos belgas, de habla celtibérica, que se establecen por la zona, entre los que están los belaiscos, que se mezclarán con los pueblos anteriormente existentes y ocuparán estas llanuras, donde fundarán en el siglo III A.C. la poderosa ciudad de Belikiom, cerca de Azuara, verdadera capital prerromana de la comarca. Además había poblados prerromanos en Mezquita de Loscos, Loscos, Moyuela, Herrera, etc.

El año 218 A.C. desembarca Cneo Escipión en Ampurias y es el comienzo de la romanización de la zona, con la liquidación de la cultura celtíbera. La zona, entre el año 78- 72 A.C. sufrió las guerras Sertorianas, con crueles batallas en las que quedó destruida Belikiom. La zona siguió habitada y los romanos  dejaron su huella, como los restos de una magnífica presa romana que se utilizó para regadíos existente en el término de Monforte y a unos 4 kms del Santuario del Carrascal. En la cercana Azuara hay restos de una grandiosa villa romana, conocida por villa de la Malena, que tal vez poseía tierras en lo que ahora es valle de Plenas.

Estos primeros pueblos prerromanos tenían sus dioses y su religión. Adoraban los bosques y la carrasca era un árbol sagrado, y también lo era para los romanos que conquistaron estas tierras

EL BOSQUE  SAGRADO
El bosque sagrado del Carrascal era zona limítrofe entre las tribus y etnias de las montañas y las del llano, y en el cual se celebraban ceremonias comunes entre esos pueblos.

Cerca del Santuario se encuentra la localidad de Loscos, cuyo nombre nos sugiere cierta relación con la palabra celtíbera “lucus” que quiere decir “bosque sagrado”, o “claro en el bosque por donde entra la luz” (parece proceder del sánscrito 'lokáh' "espacio libre"). También podría significar 'bosque dedicado a Lug', el dios-lobo celta, de cuyo nombre procede el topónimo Luco de Jiloca.
La carrasca era el árbol sagrado de estas tierras y recibió culto entre los celtíberos. Había muchos encinares sagrados. En el primer bronce encontrado en Contrebia Belaisca (Botorrita), en el año 1970, aparece una ley que hace referencia a un bosque sagrado, un encinar, donde se establece toda una serie de prohibiciones, normas y castigos para su protección, indicando también que se encuentra vigilado.
El poeta romano Marcial, también menciona en el siglo I el carrascal sagrado en el monte "Burado", y otro situado a los pies del Moncayo, cerca del pueblo de Beratón.
Los bosques sagrados eran lugares impresionantes. El carrascal existente en Plenas tenía enormes carrascas y era impenetrable. El escritor romano Lucano nos describe un bosque sagrado que existía en Marsella “Había un bosque sagrado nunca, desde hacia largo tiempo, violado, que rodeaba con sus ramas entrelazadas un aire oscuro y gélidas sombras, ya que los rayos del sol estaban totalmente apartados de ellas [...¡Lo ocupan [...] santuarios de unos dioses de rito bárbaro: aras levantadas sobre funestos altares y todos los árboles purificados con sangre humana [...! Hay en aquellos árboles, que no ofrecen su fronda a ninguna brisa, un horror particular. También brota de negras fuentes abundante agua y las tétricas representaciones de los dioses carecen de arte y surgen informes de cortados troncos [...I Los pueblos no lo frecuentan con un culto propio del lugar, sino que se lo han cedido a los dioses. Cuando Febo está en el centro del eje, o cuando la negra noche ocupa el cielo, el sacerdote mismo tiene miedo a penetrar y teme sorprender al dueño del bosque“. (Lucano, FarsaliaIII, 398-432)
EL LUGAR SAGRADO HASTA LA APARICION DE LA VIRGEN
Después de los romanos vinieron los visigodos, que apenas alteraron la vida de los pobladores de este territorio, que siguieron con sus costumbres y creencias prerromanas.

Se considera el año 399 d C como el año del fin oficial del paganismo en Hispania. Pero se cristianizaban solamente las ciudades, pues en amplias áreas rurales pervivían los cultos religiosos ancestrales indígenas, mezclados con elementos del politeísmo romano y del paganismo de visigodos, y eso es lo que sucedía en la zona de Plenas. Ya entrado el siglo VII, las autoridades eclesiásticas de Toledo pedían pena de muerte “a los adoradores de los ídolos, a los que veneran las piedras, a los que encienden antorchas, y adoran las fuentes y los árboles” pues estos cultos primitivos estaban muy extendidos.

Durante la época musulmana, la ocupación del territorio está basado en agrupaciones de alquerías, que correspondían a los antiguos poblados existentes, en el centro de las cuales había un núcleo con fortaleza que proporcionaba protección, servicios religiosos (los viernes en la mezquita) y organizaba el complejo de regadíos del territorio. En la zona de Plenas el núcleo que los agrupaba era Huesa. Plenas era una pequeña alquería en la que estaba la acequia molinar y algunas casas más. También eran pequeñas alquerías Moyuela, Loscos, Mezquita, Monforte, etc.
La llegada de los musulmanes tampoco afectó mucho a los pobladores del territorio, que seguían con sus viejos ritos y creencias, que consiguieron mantenerlos a lo largo de los siglos.
En el año 1118-1119 se reconquista la zona donde está Plenas y comienza una nueva etapa en la vida de la comarca.
Hemos visto como a pesar de los grandes avatares históricos sufridos, en algunas zonas perviven cultos ancestrales y en el lugar donde se encuentra el actual Santuario, era un bosque sagrado que adoraban los vecinos de las localidades cercanas, como Loscos y Plenas.

APARICIÓN DE LA VIRGEN
Con la lenta introducción del cristianismo, este viejo bosque fue absorbido por el nuevo culto mediante la apropiación, por la aparición de la imagen de la Virgen en dicho lugar, con lo que este lugar y las tradiciones religiosas primitivas alcanzan su redención y  se cristianizan. Lo mismo pasó con la Virgen de Herrera, que está muy cerca del Santuario del Carrascal, de Plenas,  que también se apareció sobre una carrasca y, curiosamente, en la cima del monte se encontraron restos de antiguos templos precristianos.

La tradición cuenta que estaba un pastor llamado Francisco, cuidando su rebaño en el hermoso carrascal, cuando se le apareció la virgen sobre una carrasca. Allí quedó la imagen de Nuestra Señora acompañada por otra de San Francisco de Asís. Asombrado por esta aparición bajó corriendo el pastor a avisar a los habitantes de Plenas de tan portentoso prodigio y éstos subieron veloces. El padre Roque Alberto Faci, en el siglo XVIII, nos describe así la imagen aparecida “La imagen es de cartón, tiene un alto de una vara, con su mano izquierda tiene el niño Jesús sentado sobre el brazo".
La imagen de la Virgen tiene en la mano derecha un pajarito y en el otro brazo sostiene al niño. El rostro de la virgen es muy lindo y proporcionado, el del niño es ponderado, alegre y risueño".
"No se viste esta imagen con manticos, solo con ropajes hermosos que de colores le fue sobrepuesto".
"El interior es acanalado y ceñido al cuerpo por una correa; el manto que cubre es azul con varias y hermosas flores".
En el mismo lugar de la aparición decidieron construir una pequeña ermita donde depositaron las imágenes aparecidas.

Con el paso de los siglos fue creciendo y se añadieron edificaciones anejas para albergar a peregrinos, cofrades y visitantes del Santuario.

Este suceso debió ocurrir a mediados del siglo XIII, pues San Francisco de Asís murió en 1226.
A partir de este momento comienza el culto a la Virgen del Carrascal en su Santuario de Plenas.

Hay muchas imágenes de la Virgen que se aparece encima de una carrasca a un pastor, como sucede con la cercana Virgen de Herrera, también la virgen de la Carrasca de Blancas, y otras muchas a lo largo de toda la geografía aragonesa y española.

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