5 mar. 2012

Recuerdos de posguerra y estraperlo


El día 10 de octubre de 2008, fuimos a Salou a una conferencia que daban Celedonio Garcia y José Antonio Adell, en el Centro Aragonés de la localidad. A la conferencia acudió Antonio Gimeno, un plenero que se dedicó a negocios de hostelería, con el que estuvimos hablando y nos contó sabrosas historietas de su vida.
Nació en Plenas, en 1937. Era hijo de Cesáreo y Bárbara. Su padre tenía una tienda de comestibles en Plenas. Su madre se dedicaba a vender y su padre iba a buscar productos en carro a Escatrón, Albalate, Andorra, Daroca… y a veces se llevaba a Antonio.
Eran los tiempos del estraperlo y se aprovechaban los viajes para contrabandear con aceite fundamentalmente.
Siendo Antonio niño, de 9 ó 10 años, se fue con su padre hasta Daroca con el carro.
A la vuelta a Plenas, el carro iba cargado y al pasar por un camino, como había barro, el carro se ladeó y se quedó enganchado en un talud y no había forma de sacarlo de allí. Cesáreo se fue a buscar unas caballerías al pueblo cercano y dejó allí al niño, que era ya de noche, con el carro en medio de la nada. Antonio estaba lleno de miedo. A las tres horas volvió Cesáreo con las caballerías y ya pudieron sacar el carro.
En verano viajaban de noche por el calor y también para evitar a la guardia civil. Llevaban sacos y dentro metían los botos llenos de aceite, y enciman ponían las frutas y verduras, y otros productos.
En cierta ocasión pararon en una venta junto a una estación e iban cargados de aceite de estraperlo, y al entrar, el corazón les dio un vuelco porque encuentran allí dentro a la guardia civil tomando unas cosas, pero no pasó nada.
Conocían a la Guardia Civil. Dice que en Azuara había dos que eran más buenos, pero los de Belchite eran muy malos. Estos les paraban y para ver si llevaban aceite , metían la varilla de limpiar la boca del fusil a ver si encontraban algo.
A las caballerías les decía “pasallá” para girar a la derecha y “güesque” para girar a la izquierda.
Una vez, yendo en medio de unos campos, se asustaron pues iban con el carro cargado y a lo lejos ven que se les acercaba una pareja de la guardia civil en bici. Ya creían que estaban perdidos, cuando observan que los guardia civiles tuercen por un camino y continúan como si nada. Pasan cerca de ellos pero no les dicen nada. Nunca les pillaron pero pasó mucho miedo.
Llevaba los productos a vender por los pueblos. Una vez fue a vender aceite de estraperlo a un pueblo de Guadalajara desde Albacete.
Antonio, de niño, montaba muy bien a caballo, a pelo, sin montura y su padre le mandaba a los pueblos vecinos a cobrar lo que les debían cuando se cobraba la cosecha, e iba a caballo. Me comenta que aún guarda todavía, 70 años después, la libretica donde tiene apuntados a varios que todavía no le han pagado lo que le debían.




1 comentario:

  1. CATALINO JIMÉNEZ RAMOS
    Romance
    El estraperlo de subsistencia de los
    coruchos en la posguerra.

    Años oscuros del hambre,
    de cárcel y represión,
    sin jornales ni esperanza,
    huérfana España de Dios.

    Sin veredas ni caminos,
    ni sendas de libertad,
    a los pobres les quedaba
    no más que el echar a andar.

    Por cerrados horizontes,
    ámbitos en la oquedad,
    recintos con cerraduras
    había que sortear.

    En la España racionada
    convertida en un cuartel,
    con los guardias en alerta
    le echaban valor y fe.

    Los costales en las mulas
    y ellos caminando a pie,
    asen el ramal con fuerza
    y el viento susurra en él.

    Cruzan sierras, surcan ríos
    y los saben vadear,
    con aguas llegando al cuello
    en días de temporal.

    Catalino, casi un niño
    sin barba a la que afeitar,
    ya va a tierras de la Mancha
    en busca del cereal.

    Ya sea cebada o trigo
    o garbanzos tanto da,
    estraperlo de carencias
    ya habrá quien lo comprará.

    Sabe que quien compra y vende
    precisa de habilidad,
    y empleo de la sonrisa
    y él esto sabe emplear.

    Con el dinero tasado
    en su alcancía no hay más,
    y en orfandad se halla su hucha
    inclusera de metal.

    Si la mercancía pierde
    o llega a desbaratar,
    dinero no habrá en reserva
    y un valedor no hallará.

    Por aledaños que cruza
    el Maquis presente está,
    y Guardia Civil acecha
    y a él le van a implicar.

    Le acusan de formar parte
    del grupo de Reguilón,
    y someten a tortura
    sayones del dictador.

    Le sumergen en un pozo
    pendiendo de la garrucha,
    y van sacando y metiendo
    al ritmo que les divierte.

    Con los métodos que saben
    pues psicólogos no son,
    culatazo y tente tieso
    y pateo al por mayor.

    En el Casar de Escalona
    le despojan de la carga,
    le despojan de la mula
    por un mes de duración.

    Trabajadores honrados
    que delincuentes no son,
    peor que a bestias trataban
    del cortijo del señor.

    Por Gredos atravesaban
    y en el Tiemblo descargar,
    y el Pantano del Burguillo
    brillando en la oscuridad.

    Por los Montes de Toledo
    entre chaparro y zarzal,
    cruzan sendero escarpado
    que al lobo miedo le da.

    Perseguidos y acosados
    por querer ganar el pan,
    en reata van de noche
    acechados por el mal.

    Con la justicia al revés
    la que dictó el vencedor,
    al pobre solo quedaba
    ir a la buen de Dios.

    Subsistencia de estraperlo
    aceptaron los coruchos,
    y tomaron como vino
    y cual vino se alejó.

    Catalino se hizo hombre
    antes que niño creció,
    el destino era de entonces
    de pobres, hambre y sudor.

    Catalino ante el peligro
    acrecentó su valor,
    y decidió sentar plaza
    en bandera de legión.

    Ni cuatro lustros tenía
    cuando en Madrid se plantó,
    y en el banderín de enganche
    hizo allí su aparición.

    Pues él en sus pocos años
    se hizo su composición:
    "Si legionario me hago
    esquinazo les doy yo".

    En la puerta hizo antesala
    y penetró en un despacho,
    donde un oficial canoso
    le aconsejó lo pensara.

    Y siempre con la intuición
    pupilar de hombre de campo,
    que abarca todo el conjunto
    hizo fu como los gatos.

    Los recordó de la guerra
    cuando todo lo arrasaban,
    y en alianza con los moros
    nueva invasión fue de España.

    Siendo hombre rico en recursos,
    fértil de imaginación,
    asendereó sus pasos
    por un sendero mejor.

    Pues él a alguien conocía
    que tenía relación
    con un médico notable
    de algún estado mayor.

    Le arreglaron los papeles
    del ejército del aire,
    y frente al banco de España
    se cuadra ante generales.

    Y vemos a Catalino
    uniformado de azul,
    con sus dos años de mili
    donde Azaña administró.

    Producido aquel paréntesis
    mejoró su situación,
    y vuelto al mundo civil
    en Cenicientos se halló.

    Y al romance pongo fin
    encarnando en Catalino,
    subsistencia de estraperlo
    y así poder subsistir.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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