22 mar. 2011

El rector de Plenas Andrés Yago, 1623

En el Archivo Histórico Provincial hay dos interesantes documentos sobre un curioso individuo del siglo XVII llamado Andrés Yago, que fue Rector de la Iglesia Parroquial de Plenas y Comisario del Santo Oficio (Inquisición). Todo un tipo con carácter.

http://servicios3.aragon.es/opac/app/item/?i=228898&p=0&q=Plenas

de 184 páginas. Código de referencia ES/AHPZ - J/00101/0 4

Proceso a instancia de Francisco Simón Pérez de Heredia, familiar del Santo Oficio, justicia y juez ordinario de la ciudad de Daroca y su tierra, contra mosén Andrés Yago, rector de la parroquial de la villa de Plenas, comisario del Santo Oficio, y mosén Pedro Diago, hermano suyo, vicario del Moyuela, por insultos y agresión con motivo de la compra de unas casas.

1622, abril, 22

http://servicios3.aragon.es/opac/app/item/?i=228919&p=0&q=Plenas

de 71 páginas. Código de referencia. ES/AHPZ - J/00104/0 2

Proceso a instancia de Francisco Simón Pérez, familiar, vecino de la ciudad de Daroca, contra el Lcdo. Andrés Diago, rector de Plenas y comisario del Santo Oficio, por amancebamiento y faltas en sus obligaciones como sacerdote.

1623, julio, 11

Andrés Yago (o Diago) era natural de Muniesa, donde había nacido hacia 157… y tantos. Era de familia rica y con buenos contactos, pues además de ser rector de la Parroquial de Plenas, era comisario del Santo Oficio (Inquisición). Llegó de rector a Plenas a principios del siglo XVII, hacia 1603 o 1604. Tenía un hermano que se llamaba Pedro y que era Vicario en el cercano pueblo de Moyuela.


Por los documentos sabemos que Andrés era bastante prepotente, “habla con altivez y soberbia”, dicen de él. Desde que llegó al pueblo, se montó allí la vida lo mejor que pudo. Tenía varias mujeres con las que convivía y llevaba una vida escandalosa.
(…) La renta del rector de Plenas, hacia 1623, pasaba de 500 escudos, y se consideraba muy buen estipendio.
(…) el Rector de Plenas, que vivía amancebado en un pequeño lugar “lugarejo que apenas llega a cien vecinos”, totalmente revuelto y escandalizado por su culpa. Tal situación se denunció en 1623, declarando ente el tribunal, entre otras cosas, que el rector entró en casa de Catalina Luño y cerró la puerta: “y este sospechó todo lo al que se pueda sospechar, porque sabía éste que el marido y dos hijos de ella estaban segando en el campo del Concejo” y sabiendo como era su vida, resultaba normal que los vecinos le perdieran el respeto y le culparan de que el pueblo fuera tan vicioso, a pesar de ser un lugar tan pequeño, pues la gente decía: “que diablos nos está predicando al pie del altar, si el vive de la manera que todos sabemos…”.
(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Nadie se atrevía a denunciarle porque Andrés se dedicaba a amenazar a los vecinos de Plenas, por la calle y desde el púlpito de la Iglesia, con denunciarlos a la Inquisición, de la cual era Comisario, si tenía algún problema con ellos, y en cierta ocasión mandó detener a vecinos como representante que era de la Inquisición, manteniendo a alguno preso durante ocho días, porque le dio la gana.
(…) Del comisario Andrés Diago, rector de Plenas, se declararía que era mucho más altivo desde que ocupaba este cargo del Santo Oficio: “y como le ven Sacerdote y Comisario del Santo Oficio, todos callan y no le osan replicar y le tienen miedo”.
(…) En este sentido se quejaba el rector de Plenas “porque quando pasa por delante de mí no se quita el sombrero, no sabe que soy Comisario del Santo Officio y sacerdote…” “…no sabe que es un texedorcillo, que ay mucha diferencia de el a mí, que soy comisario del santo oficio , y este le respondió: aunque yo sea texedorcillo soy hombre honrado y pienso baler tanto como usté fuera de lo que representa, y dicho Retor dixo: calle que es muy desvergonzado y le aré poner una mordaza y llevarlo al santo oficio…”. Y con esa cólera respondió a la lección de dignidad que le había dado el tejedorcillo.

(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Mosén Andrés Yago se atrevió a reprochar en la Iglesia y: “con alguna impaciencia, decir a las mujeres que no lleven sus criaturas a la misa mayor, por lo mucho que inquietan al que está en el altar y a los que cantan en el coro, que les da por Consejo que oigan una misa rezada y se estén en sus casas con sus criaturas”
(…) Sin embargo, como ejemplo contrario de decoro y de propiedad, se describe al rector de Plenas revestido, “Con el sobrepelliz y estola, que se avía puesto para esconjurar un nublo…”.
Diciendo la misa conventual, el licenciado Andrés Diago rector de Plenas, al tiempo del ofertorio dice, ixo y reprendió la grande ofensa que se azia a dios nuestro Señor en jugar a los naipes los días de fiesta antes de misa mayor…”.
Mantuvo relación escandalosa y deshonesta con muchas mujeres, lo cual causaba una constante murmuración y desaprobación entre los vecinos del pueblo, pues predicaba una cosa y hacía otra.
(…) el rector de Plenas, quien explicaba que en su casa entraban y salían muchas mujeres para comprar el trigo, la cebada y el vino que él les vendía.
Una de las primeras fue una sobrina del Arzobispo Apaolaza, que era de Moyuela, una joven “doncella muy hermosa”. Su tío se enfadó por estas aventurillas y la metió monja de clausura en Sariñena, donde murió años después. Luego tuvo varias más: Francisca, que era doncella soltera; una viuda…
En 1623, que es cuando le hacen el proceso inquisitorial, Andrés Yago vivía "amancebado" desde hacía varios años con Catalina Luño, de Plenas, “mujer de ruin fama”, y que estaba casada con Domingo Lapeña. El rector les había vendido una casa , y como Domingo Lapeña era hombre muy pobre, iba pagando la casa con los favores que le hacía al rector su mujer, y lo sabia todo el pueblo como así lo aseguran todos los testigos entrevistados.
(…) Por este motivo denunciaron al rector de Plenas ya que puso a su manceba Catalina Luño, una casa de 100 ducados, equivalentes a 100 libras jaquesas, aunque el lo negaba y se defendía diciendo que Domingo Lapeña compró el terreno, el pajar y el corral y edificó esa casa que él había comprado y posteriormente alquilado a Tomás Luño por 100 escudos. Otra cosa es que Tomás hubiera instalado a Catalina en su propiedad pero no era él, el rector, quien sufragaba la vivienda a su presunta amante. También aseguraba que igual que alquilaba esta casa a los Luño, la casa de la rectoría la tenía en renta por 20 reales al año.
(…) El rector de Plenas contrató por 100 reales a Domingo Lapeña hijo, para recoger en julio, agosto y septiembre las décimas o diezmos debidos a la Iglesia, y también se andaba “arrendando la primicia del dicho lugar de Servato en la plaza…”.
(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Además de Catalina, también estaba con otras mujeres de Plenas; con la que más relación tenía era con Bárbara Izquierdo, doncella, “sola y libre y de buen parecer” que era beata o hermana de San Francisco (monja lega franciscana) .
También se le acusa de que se entendía con otra de Plenas llamada Ana Artal, mujer de Tomás Luño, hermano de Catalina.
(…) También le atribuyen a la leche poder curativo, pues al rector de Plenas una moza le echó leche en los ojos, para curarle la enfermedad que sufría en los mismos, o en los oídos, según algún otro testimonio.
(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Nuestro rector no se contentaba con esas aventurillas y se buscó una amante en Blesa, donde acudía muy a menudo con la excusa de ir a confesar al rector de Blesa, del cual era amigo, o ir a predicar en festividades, y cada vez que iba, visitaba a Juana Muñío (mujer de Jerónimo de la Higuera, mercader) cuando no estaba su marido.
El rector de Plenas predicó dos cuaresmas en Blesa y se dice que “buenos sermones les hacía, pero que no les daba contento…” .

(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Las cosas se le empezaron a torcer cuando tuvo una fuerte discusión por motivo de la compra de unas casas con Francisco Simón Perez de Heredia, familiar del Santo Oficio, justicia y juez ordinario de Daroca. En una visita que hizo a Moyuela, se le acercó Pedro Yago y empezó a discutir con él y decirle improperios, incluso lo agarró por el pecho. Las cosas no quedaron así y el agredido presentó denuncia a la Inquisición en 1622. En este documento nada se dice de su mala vida y amancebamiento, pero como la condena fue leve y Francisco Simón Pérez le tenía ganas a Andrés Yago y a su hermano el Vicario, al año siguiente presentó otra denuncia a la Inquisición por amancebamiento, que es el documento de 1623.

En el proceso se interrogó a varios vecinos de Plenas, que ratificaron la vida deshonesta y escandalosa que llevaba el rector.

Testificaron:
Miguel Luño, justicia y jurado de la Villa de Plenas, de 45 años.
Domingo Gimeno, jurado de Plenas, de 64 años.
(…) y un testigo convocado a declarar en el pleito contra el rector de Plenas, comisario del Santo Oficio, no pudo ser interrogado al encontrarse ausente, vendiendo azafrán en Calatayud.
(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Mosén Juan Navarro Garcés, presbítero, beneficiado en la iglesia de Monforte, natural de Plenas, de 55 años.


Pedro Julve, labrador de Plenas,de 34 años.
Miguel Julve (mayor) labrador de Plenas, de 50 años.
Domingo Royo, tejedor de paños, natural de Rubielos y vecino de Plenas, de 28 años.
Juan Medel, labrador de Plenas de 47 años.
Pedro Lasierra, labrador de Moyuela, de 61 años.
Ana Ortín, mujer de Juan Luño, menor, natural de Plenas, de 41 años.
Pedro Gimeno, de Plenas, labrador, de 40 años.
Domingo Ortín, labrador de Plenas, de 54 años.
Juan Navarro, labrador, de Plenas, de 37 años.
(…) El rector de Plenas afirmaba que los Navarro le acusaban ante el arzobispo de amancebamiento por haberse enemistado con él cuando les reclamó 200 ducados que les había prestado y no le querían devolver.
(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

Juan Luño, mayor, sastre, de Plenas, de 60 años.
Mateo Gil, labrador de El Villar, y vecino de Plenas, de 36 años.
Antón Sancho, labrador, de Plenas, de 46 años.
Miguel Muñío, labrador de Plenas, de 50 años.
María Ramo, mujer de Alonso Valero, de Plenas, de 29 años.
Tomás Luño, sastre, de Plenas, de 34 años.

Además de culparle de amancebamiento y estar con muchas mujeres, se quejan de que deja la iglesia abandonada a menudo, poniendo a un Beneficiado que celebra misa pero para confesar a enfermos tienen que bajar a buscar un cura confesor a Moyuela.
(…) El rector de Plenas se había ausentado por viajar a Valencia y Madrid y también se había desplazado con licencia del ordinario a Blesa y a Muniesa, con el fin de predicar la Cuaresma”.
La Inquisición, que otras veces juzgaba severamente a la gente, con Andrés Yago es muy benévola pues la pena impuesta parece leve.

Dictó sentencia el tribunal el 15 de julio de 1624, condenándolos a reprensión, a pagar las costas del proceso y una multa, pero se le deja en el cargo de rector en el mismo pueblo de Plenas, prohibiéndosele que esté bajo cubierto con Bárbara Izquierdo, Catalina Luño, y con las demás mujeres, y durante unos meses le obliga a estar en la Iglesia de ocho de la mañana a 11, y después se vaya recto a su casa donde comerá, y de allí a las dos volverá a la iglesia y estará hasta las seis de la tarde, y en estos meses no podrá entrar en ninguna casa del pueblo salvo para dar los sacramentos a los enfermos. Además de lectura de la sentencia y la advertencia de que en adelante respetasen a la justicia y ministros reales, que no invocasen el nombre del Santo Oficio por intereses propios y que no volviesen a cometer tales delitos. Parece una sentencia bastante leve para infracciones tan graves, con lo cual podría advertirse la benevolencia del tribunal hacia sus oficiales.

(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

El rector de Plenas también trabajaba alguna vez en asuntos de la inquisición, como lo prueba esta nota de un libro sobre historia de los obispos de Teruel.

http://www.diocesisdeteruel.org/pdf%20y%20otros/Historia%20de%20los%20obispos%20de%20Teruel.pdf

Con fecha 26 de enero de 1621 el Consejo Supremo de la Inquisición ordenó al tribunal de Zaragoza que se incoase el expediente genealógico del Dr. Domingo Abad Huerta, natural de Cubel. Una vez recibido este mandato, los inquisidores zaragozanos, con fecha 4 de febrero encomendaron esta función al rector de la parroquia de Plenas, Andrés Diago. El licenciado Diago, acompañado del secretario Julián García de Molina, durante tres días de febrero, tomó declaración a diez testigos. El secretario consumió diez días en realizar su trabajo mientras Diago consumió seis para efectuar las tareas encomendadas por el tribunal inquisitorial de Zaragoza.
Acabadas las diligencias, el comisario Andrés Diago remitió a Zaragoza, con fecha 14 de febrero, el siguiente auto: «se ha hecho la información, que llevó dicho secretario, examinando diez testigos, los más ancianos, honrados y cristianos viejos que se pudieren hallar; y todos concuerdan en que el dicho Dr. Domingo Abad y los dichos sus padres y abuelos, así paternos como maternos, son cristianos viejos, sin raza de judíos, ni otra alguna; y, asimismo, me informé de palabra de otros muchos que concuerdan en dicha limpieza».
Recibida la documentación por los inquisidores zaragozanos, «Dr. Don Miguel Santos de Sampedro y Lic. Don Fernando de Valdés y Llano, Dr. Don Jerónimo Gregorio y Lic. Don Juan de Brizuela, habiendo visto esta información de la genealogía y limpieza del Dr. Domingo Abad, natural del lugar de Cubel, dijeron que están suficientes para que consiga la merced que se le ha hecho y lo rubricaron». Al mes siguiente, «habiendo visto los señores del Consejo de su Majestad de la santa y general Inquisición las informaciones de la genealogía y limpieza del Dr. Domingo Abad, como para oficial, en el lugar de su naturaleza, dijeron que están bastantes para que el susodicho pueda servir en el Santo Oficio».
El rector de Plenas cobró 72 reales, con un sueldo diario de 12 reales. Se pagaron 20 reales por el derecho de escribanía de 10 testigos y 4 reales, por una comisión. Los gastos totales por realizar el expediente de limpieza de sangre del Dr. Abad Huerta ascendieron a 316 reales que, según la forma habitual de proceder, fueron cancelados por el interesado.
El tribunal inquisitorial de Zaragoza bajo el reinado de Felpe IV
Marta María Pastor Oliver. Tesis doctoral de 2010.

(http://zaguan.unizar.es/record/5232/files/TESIS-2010-050.pdf)

(…) Se prendió a Valero Pelegero, mancebo: “por haberlo hallado con una moza de dicho lugar y porque no se fuese por ese mundo adelante y dejase a dicha moza perdida y afrentada…”. Se presuponía que, después de haber sido sorprendido con esa chica, Valero tenía que desposarla, si quería respetar su honra y la de su familia. A pesar de ello y de la oposición de don Andrés Diago, rector de Plenas, algunos habían pretendido liberar a Pelegero de la cárcel “sin salir marido de ella y el rector arrojo una tajada de melón que tenía en la mano y dijo que los padres y deudos de dicha doncella, no tenían honra si eso hacían y este (el alcalde) le dijo: Señor yo voy a soltallo, porque hago contrafuero en tenello tantos días a preso y me podría costar…". Finalmente y a pesar de la oposición del alcalde, el rector se salió con su propósito de velar por el honor del padre, a la vez que por honra de la hija. Tal actitud fue uno de los aspectos que se apuntarían en el haber del comisario Andrés Yago, rector de Plenas, encausado, pues había logrado que Pelegero se casase con la joven con la que lo habían hallado, ya que “dicho Retor dijo al dicho mozo, que aunque lo llevase engrillonado a la puerta de la Iglesia, lo había de hacer casar con ella, como en efecto se casaron y hoy son marido y mujer". Esta intervención motivó el agradecimiento del padre de la chica al rector, a favor del cual testificó hablando muy bien de él, ya que había mirado por su honor, al impedir que su hija quedase deshonrada.

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