31 mar. 2011

San Juan y San Pedro


Versión que nos contó Alfredo Plou, de Plenas

Erase una vez dos pobres: uno era San Juan y el otro San Pedro. Pasaban por un pueblo y decidieron dormir en la posada. El posadero les dio alojamiento y como estaban muy cansados, pensaron acostarse rápidamente en la cama.

Cuando entraron en la posada, había dos individuos bebiendo, que al verles entrar con pintas de pobres, comenzaron a reirse de ellos y después de mucho beber y beber, para divertirse, decidieron ir a pegarles cuando estuviesen dormidos, con la complicidad del propio posadero. Entraron en la habitación, se dirigieron al más cercano a la puerta y lo emprendieron a palos hasta que se cansaron y se fueron diciendo:
– ¡Hala, vámonos a la cantina a beber y luego volveremos para pegarles de nuevo!
Como le habían dado la paliza a San Juan, San Pedro le dijo que se cambiara de cama pues había escuchado sus malas intenciones y como ya le habían pegado a San Juan, así no le volverían a sacudir dos veces. Y se volvieron a dormir
Al cabo del rato volvieron los individuos y uno de ellos dijo:
–Oye, como antes le hemos sacudido a este, ahora le vamos a dar al otro y así repartimos los palos. Comenzaron a pegarle, pero como se habían cambiado de cama, otra vez le correspondió la paliza a San Juan. Los malhechores, una vez descargada su ira se marcharon.
San Juan y San Pedro durmieron como pudieron pero con todo el cuerpo rebosante de miedo. Al día siguiente, se levantaron temprano y se marcharon enfadados de la posada, pero se llevaron el gallo del posadero, que ni más ni menos era, su despertador preferido.
Por un angosto camino y con el gallo a cuestas, se dirigieron hacia el pueblo más cercano. El posadero, al darse cuenta de que le faltaba el gallo, fue tras ellos hasta que los avistó y entonces les comenzó a gritar:
–¡Ladrones, devolvedme el gallo!
Los santos volvieron la vista atrás y convirtieron al posadero en burro, y al mismo tiempo llevárselo con ellos.
Al llegar al pueblo, había varios albañiles que estaban haciendo reparaciones en la puerta de la Iglesia y San Juan y San Pedro decidieron regalarles el burro.
–No tengan duelo del animal, háganle trabajar duro y no se preocupen por él, y péguenle si no hace caso –dijeron los santos–.
Transcurrido cierto tiempo el burro se volvió a convertir en posadero, regresó a su pueblo lleno de dolores y sobre todo, se quejaba de los palos que le habían dado los albañiles. También recordaba a los dos pobres que había conocido en su posada, prometiendo fielmente a no volver a ser cómplice de ninguna acción violenta y a respetar a los más desfavorecidos.

Recogido por Ángel S. Tomás

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