17 mar. 2011

Rafael Luño, el último molinero de Plenas

En el periódico La Crónica de Belchite, se publica el siguiente artículo:

Rafael Luño, el último molinero de Plenas

En 1964, el plenense compró el molino, dedicado principalmente a la elaboración de pienso, una actividad que ha mantenido hasta hace poco.
Rafael Luño en la fachada de su casa, que albergaba el molino.

Muchos pueblos de Aragón, acordes con los sistemas de trabajo y las formas de vida de antes, disponían de molinos de aceite, si eran ricos en olivares, y de harina, si los medios hidráulicos lo permitían. La revolución industrial y los avances tecnológicos obligaron a la transformación y modernización de los primeros y a la desaparición de los segundos o a la conversión en fábricas harineras, concentradas en grandes poblaciones.
Plenas es de los pocos municipios que han conservado su molino en activo hasta fechas recientes. Efectivamente, se cerró en el año 1992, siendo su último propietario Rafael Luño.
Rafael nació en Plenas (1927) en el seno de una familia humilde, quedándose huérfano de madre a los cinco años y perdiendo uno de los cuatro hermanos a los 14. Como muchos niños de su edad, tenía que ayudar en casa en el trabajo del campo desde pequeño. "Fui a la escuela, a días, hasta cumplir los 14 años", cuenta Rafael, quien compró el molino en 1964, después de llevar 11 años casado y de haber trabajado por su cuenta con los cereales, los almendros y el trato. "Yo trabajaba siempre vendiendo arena, compra-venta de almendras, grano. Vendía en todos los sitios: a particulares, tiendas, almacenes, etc. Llevaba más jaleo antes de coger el molino trajinando con los burros. Después seguí con los dos trabajos, aunque ganaba más perras con el trato que con el molino. Trabajaba a todas las horas. Si se precisaba, por la noche, sobre todo, para la gente del pueblo", expresa el molinero.
Era el único molino que había en Plenas, y mientras lo llevó Rafael solo molía para hacer piensos, ya que cuando lo adquirió ya estaban rotos el cernedor y la porga. Allí acudían a moler en los últimos años de Moyuela, Blesa, Monforte, Huesa del Común, Villar de los Navarros, Nogueras y Moneva.
El método de moler era el clásico. Se tomaba el agua en el río Santa María en una presa-azud y se trasladaba a través de una acequia hasta la balsa que estaba ubicada encima del molino, a la vez que la conducía también para riego de los huertos. Desde la balsa caía el agua por un agujero y movía el molino con unas aspas que obligaban a mover el eje que sujetaba las piedras circulares. Más tarde, en 1972, se quitaron las piedras y se cambió a molino de martillos movidos por electricidad.


Ahora, vivienda
El molino, convertido actualmente en vivienda con las antiguas piedras en la fachada, constaba de una estancia con espacio para dos piedras (otras dos habían desaparecido antes) y para depositar los sacos de grano y pienso molido. "Lo que más molía era cebada y morcacho (centeno). Era un molino casero. Cuando lo dejé ya no se criaban cerdos y la gente compraba los piensos en las fábricas de piensos compuestos".
Rafael Luño conserva un libro de cuentas, manuscrito, donde aparecen todos los detalles de compras y ventas y la contabilidad de todo su ejercicio desde 1954 hasta hace pocos años. En él detalla la distribución por fechas de los cerca de 3.000.000 de kilogramos molidos y los precios cobrados por kilogramo, que correspondían, por ejemplo, a 30 céntimos en 1964, 50 céntimos en 1974, 2,50 pesetas en 1984 y 4 en 1991. "Se pagaba en metálico o en maquillar, que es un tanto por ciento del producto que se molía", apostilla Rafael Luño.

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